En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable
La navaja de Ockham proviene del filósofo inglés William Ockham, que aplicó la idea de navaja para eliminar los supuestos innecesarios de una teoría.
Según este principio, para explicar un fenómeno determinado, si tenemos dos o más hipótesis, lo más razonable es aceptar el más simple; o sea el que presenta menos supuestos no probados. Es decir que si ambas explicaciones están en igualdad de condiciones, no hay que tener en cuanta una explicación complicada si existe una más simple.
Esto no quiere decir que la explicación más simple sea la más correcta sino que existen más probabilidades que sea cierta y que es preferible elegirla hasta que haya razones bien fundamentadas para adoptar una alternativa más compleja.
Este principio es un método que se supone válido para canalizar mejor los esfuerzos en los primeros estadios de una investigación.
La navaja de Ockham frecuentemente se utiliza en los debates científicos y filosóficos.
Este principio no hay que confundirlo con la falacia de la causa simple, que ocurre cuando se asume que existe solo una simple causa para un resultado cuando en realidad puede haber un conjunto específico o suficiente de causas que lo hayan provocado.
La diferencia que hace que el principio no sea una falacia es que este considera todas las relaciones causales necesarias para afirmar o desmentir lo que se este probando mientras que la falacia solo utiliza una causa, a veces sin conexión lógica y mal argumentada.
La navaja de Ockham proviene del filósofo inglés William Ockham, que aplicó la idea de navaja para eliminar los supuestos innecesarios de una teoría.
Según este principio, para explicar un fenómeno determinado, si tenemos dos o más hipótesis, lo más razonable es aceptar el más simple; o sea el que presenta menos supuestos no probados. Es decir que si ambas explicaciones están en igualdad de condiciones, no hay que tener en cuanta una explicación complicada si existe una más simple.
Esto no quiere decir que la explicación más simple sea la más correcta sino que existen más probabilidades que sea cierta y que es preferible elegirla hasta que haya razones bien fundamentadas para adoptar una alternativa más compleja.
Este principio es un método que se supone válido para canalizar mejor los esfuerzos en los primeros estadios de una investigación.
La navaja de Ockham frecuentemente se utiliza en los debates científicos y filosóficos.
Este principio no hay que confundirlo con la falacia de la causa simple, que ocurre cuando se asume que existe solo una simple causa para un resultado cuando en realidad puede haber un conjunto específico o suficiente de causas que lo hayan provocado.
La diferencia que hace que el principio no sea una falacia es que este considera todas las relaciones causales necesarias para afirmar o desmentir lo que se este probando mientras que la falacia solo utiliza una causa, a veces sin conexión lógica y mal argumentada.
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