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Averroes, El Comentador. Sobre su política



Averroes, El Comentador. Sobre su política.

Averroes fue un importantísimo autor árabe que se centró en el estudio de Aristóteles en gran parte a través del propio al-Farabi, y en el comentario de obras aristotélicas (el “comentador”). Nació en Córdoba en el 1126, y al igual que al-Farabi, y que muchos filósofos de la época, era hijo de una familia acomodada. Su abuelo y su padre ocuparon el puesto de cadi de Córdoba, y sería un título que el propio Averroes también acabaría recibiendo, aunque él lo seria de Sevilla.
Aunque Averroes dedico gran parte de su vida al estudio de Aristóteles y a su comentario, también trabajo durante mucho tiempo en obras propias. Sin embargo, con la llegada del islamismo más intransigente a la península, muchas de sus obras fueron censuradas y se acabaron perdiendo para siempre, por pensar que la filosofía no podía convivir con la religión. La consecuencia de mayor importancia de esto ha llegado a la hora de investigar sobre este autor, ya que la mayor parte de su teoría que se conoce, fue gracias a sus comentarios tanto de Platón como obviamente de Aristóteles, como de una multiplicidad de autores distintos. 

Averroes, además de filosofía, estudio también medicina, derecho islámico, matemáticas y astronomía, pero como es fácil deducir, aquí nos centraremos en su filosofía y en su estudio de las leyes; lo que podríamos describir como su filosofía política.

En lo que respecta a la relación entre la religión y la filosofía, Averroes hereda del pensamiento de al-Farabi la concepción de que las verdades religiosas son solo símbolos de una verdad filosófica mayor. Y que por lo tanto, el pueblo debe ser educado religiosamente, reservando la filosofía para los sabios, que debían adquirir los fundamentos de las confesiones a través de la razón.
En lo que se refiere a la filosofía práctica, Averroes muestra una actitud crítica. Como explicare a continuación, la acción política según Averroes debe basarse en la educación, y no en la represión como muchos de los gobiernos de su época. Además criticara también el pobre papel de la mujer en la sociedad de su época, ambas razones por la que los más tradicionales le señalaran con el dedo.
Sus influencias en este campo filosófico fueron muy parecidas a las de al-Farabi. Se dice que Averroes no conoció la política de Aristóteles, por lo que esta la baso en Platón, como se puede ver en su comentario a La república. Sin embargo, y como era de esperar, en su comentario a la Ética Nicomáquea muestra su amplia influencia aristotélica en lo que respecta a la ética. Ambos campos, están también muy relacionados para este autor, ya que para alcanzar la felicidad, se necesita encontrar y alcanzar tanto la perfección del individuo (ética), como la perfección de la sociedad (política)

Como en Aristóteles, el fin último al que aspira el ser humano es la felicidad, y esta solo se puede alcanzar en la ciudad ideal y virtuosa (el califato ideal). Por lo tanto la función de la sociedad es la de facilitar el cultivo de la sabiduría y el conocimiento, que nos lleva directamente a la felicidad. Averroes, opta por una ética accesible a todo el mundo. Para facilitarla a todo el mundo existe precisamente el derecho, que está formado por una serie de códigos de acción basados últimamente en la justicia. La ley transmite la idea de justicia al ámbito real, por lo que la misión del legislador no es solo conocer la idea de lo justo, si no saber adecuarla a los casos prácticos y concretos. La práctica toma un papel vital en la ciudad virtuosa. 

Averroes distingue 4 virtudes imprescindibles para alcanzar la perfección tanto personal como social. A saber, justicia y templanza, y sabiduría y fortaleza. Para llegar a la perfección individual, se necesitan tres vías que subraya Averroes. En primer lugar, el conocimiento de estas virtudes es esencial, no por el conocimiento por el conocimiento, si no para llevar las virtudes a la práctica y a la acción. En segundo lugar, estas virtudes han de ser inculcadas a través de la educación en la juventud, y gradualmente ir implantándolas en los individuos. Por último, se debe adecuar la virtud y el hábito, para introducir bien el acto de estas virtudes.

Al igual que con la perfección ética, hay dos vías válidas para llegar a la perfección política: La primera seria el uso de la dialéctica, de la retórica, y de la poética, para el arraigo de las virtudes en los jóvenes. Una serie de argumentos válidos que hagan calar bien las ideas que las virtudes transmiten. La segunda, se define como la vía de la coacción, reservadas a los enemigos, y que depende profundamente de la capacidad militar de la ciudad. Sin embargo, aunque Averroes también define esta vía como válida, deja bien claro que no se trata de una vía necesaria si existen virtudes morales. De este análisis, sacamos que la ciudad perfecta es la que funcione acorde con las virtudes, y que es gobernada por el filósofo, que guía a los ciudadanos a la felicidad (actitud bastante paternalista), mediante la enseñanza de ciencias teóricas y prácticas y formación matemática y poética. El objetivo es perfeccionar no solo la sociedad como entidad, si no a cada ciudadano individualmente también.

Averroes plantea dos modelos principales posibles de gobierno, según su premisa del gobierno del filósofo. Un gobierno puede ser monárquico o aristocrático. Se dan cinco aptitudes con las que debe contar un buen gobierno: Sabiduría, conocimiento perfecto, buen arte dialectico, excelente imaginación, y capacidad de la guerra. Si se encontrase un filósofo con todas estas aptitudes daría lugar a una monarquía, si no, se buscarían una serie de individuos en la sociedad con estas aptitudes, y daría lugar a una aristocracia. Pero al igual que se dan estos dos posibles gobiernos válidos, también Averroes distingue una serie de gobiernos no validos o imperfectos. En primer lugar nos presenta la timocracia, un gobierno basado específicamente en la búsqueda del honor. También nos cuenta sobre la plutocracia, un gobierno en el que el valor que predomina es el de la búsqueda de la riqueza y del poder. La demagogia, que Averroes presenta como un gobierno sin jerarquía ni subordinación, o la tiranía, en la que no se presenta ninguna intención de llevar la sociedad hacia ideales más que el que haya presentado el tirano que desea mandar. Este es el tipo de gobierno más en contra de la sociedad virtuosa. Además se nos presenta también la sociedad hedonista, que busca solo los placeres corporales, o la oligarquía, una sociedad de paso hacia la ciudad virtuosa.

Aunque de la filosofía de Averroes se perdieron muchas obras, lo que se conservó y se consiguió traducir a otros idiomas repercutió notablemente en autores posteriores como Santo Tomas de Aquino y muchos otros. Además ofreció un pensamiento tan innovador para su época que muchos considerarían su pensamiento uno adelantado a su época, y se le describe muchas veces como uno de los precursores de la cultura europea moderna. Fue especialmente crítico con los gobiernos que le eran cercanos y su postura respecto a la mujer resulta ejemplar bajo estándares contemporáneos.

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