Uno de los
problemas que se cuestiona este autor, y muchos otros en la edad media, es
porque existe el mal si existe un ser que es todo poderoso y bondadoso llamado
Dios.
Para Agustín de
Hipona existen dos tipos de mal; el mal físico y el mal moral. Empezare explicando
el mal físico, este tiene su origen en la debilidad y la imperfección de la
materia, esta imperfección es la que hace posible los cambios en la materia y también
explica la muerte, ya que ninguna materia es infinita, ya que el único ser
finito y perfecto es Dios es por eso que no cambia.
Todos los seres son buenos porque
proceden de un Dios que es bueno. Pero estos seres son inferiores a ese ser del
cual proceden, por lo que se encuentran expuestos a la corrupción. Si estos
seres fueran incorruptibles, serían perfectos, por lo tanto serían como Dios y
como él solo hay uno.
Entonces el mal físico debe existir
porque toda criatura es imperfectarespecto a su Creador.
El mal físico se manifiesta en el ser
humano a través del dolor. Este le avisa o le advierte que hay un peligro y que
debe tener cuidado si quiere seguir vivo sin causarse daño alguno. Para Agustín
“en un cuerpo es preferible el dolor que resulta de una herida y
que obliga a ponerle remedio, que la
gangrena que no se siente. El dolor es,pues, a la vez un efecto y una condición del orden sensible.
En cuanto al mal moral o pecado es un concepto que procede de
la tradición judeocristiana,
este es ante todo un acto vicioso, es
decir, es un acto que se
opone a la virtud. Cuando se define la
virtud y el bien moral como lo que coincide con nuestra
naturaleza, esto equivale a definirla
como lo que coincide con la razón. De
manera inversa, el mal moral, el
pecado, no es otra cosa que la falta de
racionalidad en el acto o en el
hábito. Esta falta de racionalidad en el acto
atenta contra el orden.
Este orden se refleja en la ley eterna,
La esta ley es un principio necesario
para que la creación de Dios no caiga
en confusión ni en caos. La ley eterna
es inmutable y universal en cuanto a su
vigencia, esta se hace extensible a
todos los seres animados e inanimados,
racionales e irracionales.
El hombre puede determinar a través de
sus actos, a través de su voluntad, si
decide seguir o no tales órdenes. Él
puede elegir entre obedecer o no el orden
divino y seguir al desorden, o
viceversa. Es decir, que el hombre
tiene la facultad de elegir si quiere
o desea vivir según la carne o según el
espíritu.
Así es como Agustín explica que el
malo moral no proviene de Dios sino del libre albedrío del ser humano, ya que Dios
le ha dado la opción de utilizar esta libertad tanto para hacer el bien como
para obrar mal.
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