Si algo representa verdaderamente la filosofía y la doctrina
política de al- Farabi es su intento de conciliación entre la filosofía y la
religión, que también adoptaran muchos autores después de él. Al-Farabi , es
uno de los más importantes filósofos del ámbito árabe. Este autor nació en el
872 más o menos, era hijo de una familia noble, y dedico su vida a la filosofía
y al conocimiento de las ciencias, la música, la gramática, la poesía… Estos
dos últimos elementos tomarían mucha importancia en toda su filosofía, además
de la música.
Aunque se le conoce como el máximo difusor y conocedor de
Aristóteles (por lo que le llamarían el segundo maestro) por el mundo Árabe, su
filosofía tuvo fuertes inspiraciones platónicas y neoplatónicas, sobre todo sus
tratados sobre política. Esto se debe a que con el cierre de la Academia de
Platón, muchos de los filósofos que a ella dedicaban su vida tuvieron que
moverse a otros territorios, y muchos acabaron en Bagdad, ciudad en la que
al-Farabi vivió durante mucho tiempo. De ellos aprendió mucho, y también tuvo
la oportunidad de leer La república de Platón, una obra que marcaría su
pensamiento político para siempre.
En primer lugar respecto al pensamiento de al-Farabi, hay
que tener en cuenta que gran parte de su teoría está conectada, ya que traslada
de alguna manera su visión del universo a su concepción antropológica, y esta a
la política. Sin embargo aquí, nos centraremos principalmente en la última, ya
que todo este proceso lo lleva a cabo a mediante extensos textos y durante toda
su vida.
El objetivo principal de la filosofía política fabariana, es
como en muchos autores griegos, alcanzar la felicidad suprema, a través del
intelecto agente, propio del ser humano, y cuya función es la de la
racionalidad del hombre, y que ha de llevar a la felicidad suprema. En la
filosofía practica o política de al-Farabi, se mezclan filosofía, ciencia
política y teología, obligando al gobernante a saber de las tres, además de las
acciones que ha de llevar a cabo en cada momento.
Como ya he dicho, la principal influencia de al-Farabi en su
pensamiento político es Platon, además, al vivir en una sociedad islámica,
decide intentar encontrar una forma de vincular filosofía y religión. Esto se
ve claramente cuando comparamos al autor griego con el árabe; para el primero,
el gobernante ideal ha de ser filósofo, concepción que hereda también
al-Farabi, pero al que llama Imam, para procurar vincular ambas esferas. El
gobernante como es de esperar, es de vital importancia para la ciudad. Él llega
a compararlo con el corazón del cuerpo humano, sin el cual el hombre no puede
vivir. Por lo tanto el líder de dicha ciudad ha de poseer una serie de virtudes
que actúan como requisito para que el gobernante se uno competente. Estas son
doce, aunque la más importante de todas es la de la sabiduría. Un líder ha de
ser sabio (nótese la influencia platónica). Lo curioso del planteamiento de
al-Farabi, es que el cargo de gobernante no ha de ser llevado a cabo por una
sola persona, al contrario, si el gobernante en cuestión no es poseedor de las
doce virtudes en cuestión, deberá compartir el cargo con el número de personas
equivalente de virtudes que le falten, pudiendo darse un gobierno de hasta doce
personas. La función principal de este gobernante ha de ser la “guía” hacia la
felicidad, por lo que su mayor interés ha de estar enfocado a la acción a
través del conocimiento de los primeros principios como pueden ser el bien o el
mal, lo útil, lo conveniente, lo justo, lo injusto…) Esta concepción de la
felicidad como objetivo de la política da lugar al problema por el que las
ciudades de hoy en día no siguen esta concepción: ¿y cuál es el modelo de
felicidad universal? al-Farabi, en su obra El camino de la felicidad, acepta la
comprensión racional de la felicidad que ha dado Aristóteles en la Ética
Nicómaco. El hombre es feliz haciendo lo que le es propio; y dado que el ser
humano se define como ser racional, el ser humano se realiza cuando cultiva
dicha racionalidad, acto que solo se puede llevar a cabo en sociedad. Esto hace
que la ética (como actuar debidamente para alcanzar la felicidad), se incluya
al final en la política.
En el 5º artículo de su obra Catalogo de las ciencias,
al-Farabi, después de comentar los otros cuatros campos de conocimiento, se
centra en la ciencia política, el derecho y la teología. La primera versa sobre
las acciones y costumbres adecuadas para llegar a la felicidad; el derecho, es
el saber auxiliar del gobernante, debe proteger la ley y en cierta medida esa
búsqueda de la felicidad cuando el papel del gobernante no es suficiente; en
tercer lugar, tendríamos la teología cuyo papel sería el de defender los dogmas
de la religión. Aunque estos tres campos son de gran importancia, están todos
subordinados a la filosofía, que los abarca a todos, incluso a la teología (por
lo que se criticaría mucho al autor árabe). Sin embargo al-Farabi no pretende
para nada quitarle importancia al tema religioso, y explica la subordinación de
esta a la filosofía de la siguiente manera: Todas las leyes religiosas
virtuosas, caen bajo los universales de la filosofía práctica, y las
demostraciones de las opiniones teóricas que hay en la religión pertenecen en
realidad a la filosofía, sin embargo, en la religión son aceptadas sin
demostración, mientras que en la filosofía, son explicadas mediante la razón.
Utilizaremos con al-Farabi una expresión respecto a su visión de la filosofía y
de la religión que también valdrá para muchos otros autores de este trabajo. La
filosofía y la religión son al final dos caras de la misma moneda, los mismos
primeros principios que transmite la filosofía mediante la razón, los transmite
la religión mediante símbolos y metáforas. La principal diferencia entre las
dos, es que la primera estaría reservada a los filósofos y a los sabios,
mientras que la religión, estaría destinada a los hombres corrientes, y su
objetivo sería la divulgación. Esto es porque es la obligación del gobernante
la de transmitir la virtud a las personas mediante filosofía o religión, para
dar las herramientas para llegar a la felicidad.
Como se puede observar, la filosofía de al-Farabi intenta
sintetizar tres elementos en una misma doctrina política. En primer lugar una
filosofía política muy basada en Platón y en su concepto del rey filosofo. En
segundo lugar, unas nociones de ética inspiradas en la aristotélica, que
presenta como un elemento fundamental de la propia política. Y por último, la doctrina religiosa propia de su ambiente y de su
tiempo. Estas tres partes de su todo que representaría la teoría política,
están subordinadas al final a la filosofía, sin embargo, esta y la religión
expresan lo mismo, y aunque una abarque por así decirlo a la otra, se ha de
remarcar que al-Farabi no quiere dotar de más importancia a la una que a la
otra.
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